La Voz de Ica

23.Jul.2014

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Catalina Buendía de Pecho: La Heroína de Ica

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El domingo que pasó se cumplió el 128º Aniversario de la inmolación heroica de Catalina Buendía de Pecho, una iqueña sobresaliente que luchó hasta la muerte en la infausta Guerra del Pacífico. La invasión chilena al Perú (1879 -1873) marcó con oprobio una lucha desigual. Los iqueños demostraron su rebeldía contra el ejército invasor y a pesar de la enorme diferencia logística y de preparación militar, se enfrentó al descomunal enemigo con armas rudimentarias pero con mucho valor y entrega.

La historia oficial de nuestro país le ha dado poco espacio y credibilidad al arrojo de esta mujer iqueña, campesina de piel oscura, quien no dudó en dar su propia vida con tal de diezmar a los invasores. Los iqueños hemos transmitido oralmente parte de este capítulo de heroísmo ya que existe mezquindad en reconocer los aportes de los hombres y mujeres pobres que libraron una lucha desigual por ver libre de ataduras y yugos a la Patria. Una cerrada defensa a la participación de Catalina Buendía de Pecho ha escrito el Lic. Jaime Uribe Rocha, en cuyo extenso artículo refiere: "se atrincheró con sus huestes en el cerro de Los Molinos -aproximadamente a 12 kilómetros hacia el norte de la ciudad de Ica- y ofreció una valerosa y épica resistencia a los invasores chilenos, jamás igualada, en la historia de la patria". Y cierto fue que, Los Molinos era paso obligado hacia los pueblos de la serranía y cuyo acceso era vital para el ejército invasor. En este lugar se escribió los desgarradores hechos de sangre y que, en victoriosa primera defensa de los molinenses, se vio opacada luego por la traición de un ciudadano chino, poblador del lugar, quien delató a los rebeldes, costando decenas de vidas de hombres, mujeres, niños y ancianos que se atrincheraban en el lugar. Viendo perdida la batalla, la heroica iqueña decide asumir una estratagema suicida: envenenar a los invasores con una chicha lugareña, para lo cual ella consumió primero la fatal bebida para evitar las sospechas de los enemigos: "Imperturbable y serena Catalina Buendía, cogió la "chicha de jora" (envenenada con las semillas de la fruta piñón) y diciendo con voz altiva: señor, por vuestra gloria, la apuró tranquilamente y secando el pico del objeto con sus manos la extendió al soldado".

Esta lección de entrega y civismo nos ha legado Catalina Buendía de Pecho. 128 años han transcurrido de la epónima fecha, sepan las nuevas generaciones que existen valores que pueden guiarnos en la vida, siendo el ejemplo de esta mujer negra, pobre pero íntegra, capaz del sacrificio para defender las causas de la Patria. Casi nadie ha elevado una oración ni agradecimiento oficial por las enseñanzas recibidas, pero queda el ejemplo de integridad, el sendero señalado para más logros hacia nuestra tierra y sus gentes.